Y se alista para la fiesta... traga saliva y junta los labios, dándole forma al labial... se dice a sí misma lo linda que está, que quizás encontrará un príncipe negro entre tanta gente. Socializar y olvidar, conversar y callar, reír y llorar. Y disfruta el baile, esperando que así como fluye su cuerpo con la música fluya su corazón para el amor, tan negado hasta entonces, problemático, díscolo, enojado, guardado. Bailar y gritar, sonreír y mentir, contar y negar. Y regresa a casa luego de una velada entretenida, con el mismo vacío con el que salió... aceptando una vez más que pasó el tiempo de esperar, que debe cerrar las persianas y continuar, que lo que no sucedió hasta hoy ya no sucederá y que es momento de "dejar atrás". Así, toma fuerza un tiempo por sí misma, por los asuntos valiosos en su vida, hasta por el bien social... un tiempo sin preguntar, sin cuestionar, sin hablar, conteniendo sus verdades resguardadas y escondidas para evitar la recaída. Así continúa...
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